Dos Minutos Veinte

-¿Trajiste el reloj con cronómetro?

-Sí, pero sabes, Pablo, esto puede resultar peligroso.

-No me digas que tienes miedo, Camilo.

-Por supuesto que no, siempre te he ganado cualquier apuesta y nunca he sentido miedo, es sólo que nos pueden pillar y no quiero que me castiguen.

Camilo y yo tenemos 12 años, ambos somos compañeros del 7º A del colegio Manuel Baquedano, vivimos cerca y siempre hemos sido amigos, a pesar del apestoso modo de ser de Camilo.  El siempre ha sido un valiente, un osado que no le teme a las travesuras.  Muchas veces me ha dejado en vergüenza delante de mis compañeros, me ha hecho llorar, se ha burlado de mí, pero siempre terminamos siendo amigos una vez más.

 -Camilo -volví a repetir- ¿tienes miedo?

-Ya te dije que no y no me sigas hueviando.

 Sí, era definitivo, Camilo, “El Valiente”, hoy siente miedo, sabe que le voy a ganar y yo sé que lo voy a humillar.

-Pablo, ¿no crees que ya es bastante agua?

-No, hay que llenar la lavadora para que así quepa toda tu cabeza y me ganes como siempre

-Bueno, entonces si sabes que te voy a volver a derrotar, ¿porqué no vamos a ver monitos mejor?

-Porque a esta hora dan monitos para niñas y ni tú ni yo somos niñas, ¿verdad Camilo?

-Sí, es verdad, pero podríamos ver una película

-Córtala con mariconadas y hunde tu cabeza en el agua que yo te tomaré el tiempo.

Ya estaba todo listo, quien durará más tiempo bajo el agua sería el vencedor, eso era todo, no era nada del otro mundo, no era nada de temer.

-¿Porqué tengo que ser yo quien comience?

-Porque tú, Camilo, éres el mejor, el más bacán y esos siempre serán los primeros, ¿se te olvidó?

-Bueno, entonces, por eso te cedo mi lugar.  Si yo soy el mejor, yo soy el que manda –dijo el marica.

Miré el reloj, luego sus ojos llenos de temor y pensé: “Ya veremos quién será el que mande en la próxima competencia que hagamos Camilito, claro, si es que vives aún, maricón de mierda”.

-Está bien, yo comienzo, toma el reloj, justo cuando hunda mi cabeza presionas Start y apenas salga lo detienes, y nada de estar haciendo trampas huevoncito, mira que después te toca a ti.

Hundí mi cabeza y aguanté la respiración, traté de contar pero no pude.  Abría los ojos en el fondo de la lavadora e imaginaba al imbécil de mi amigo llorando como una mariquita.  Salí, fue espectacular 40 segundos, había superado mi anterior “record” de 38 segundos.  Camilo estaba nervioso, sé que quería huir… yo no lo dejaría.

-¿¡Sólo 40 segundos!? ¿no habrás hecho trampa Camilito? – traté de asustarlo

-No, te lo juro, eso es todo lo que hiciste

-Está bien, parece que me vas a ganar otra vez. ¿cuánto haces tú? ¿50? ¿60?

-La última vez hice un minuto – me mintió el saco de huevas.

Puse el cronómetro a cero y le dije a mi amigo que me ganara, pero que no se burlara de mí después.  Él estaba pálido y yo por dentro sabía que no me ganaría, es más, sabía que el humillado esta vez sería él.

-Mira Pablo, ¿porqué no dejamos todo esto entre amigos y nos vamos a ver tele?

-Ya te dije que en la tele a esta hora dan monitos para niñas y no creo que tú quieras ir a verlos ¿o me equivoco, Camilo?

-Yo no veo esos monos y deja de molestarme.  Es sólo que quiero ir a jugar y no seguir perdiendo el tiempo aquí.

-Bueno, entonces gáname, aguanta más de 40 segundos y después vas a jugar a las muñecas con tu hermana y sus amigas

-No me sigas hueviando o te voy a sacar la chucha, acaso se te olvidó quien es “El Mejor” – me amenazó

-Fíjate que se me está olvidando, hunde tu cabeza, gáname y talvez me acuerde

-Está bien, te voy a ganar, pero tú tampoco hagas trampa.

Hundió su cabeza en el agua y yo apreté Start en el reloj, los números comenzaron a correr.  Metí el reloj en mi bolsillo y puse mis manos muy cerca de su cabeza, aguardando su salida.  Pensé: “Serás el campeón, romperás tu record y el record mundial, algún día me lo vas a agradecer”.

Cuando intentó salir, su cabeza chocó con mis manos, éstas obstruían su salida.  Del agua comenzaron a salir burbujas de desesperación y sus brazos y piernas pataleaban insistentemente.

-Vamos Camilo!!! Vas a ganar, aguanta, eres el mejor, llevas 10 minutos o quizás 15, eres genial… eres “El Mejor”!!!

-Pablo, ¿Qué esta pasando? – era mi madre que se alertó con mis gritos

-Nada Mamá, estamos jugando con Camilo para ver quién es el mejor

-¿y quién gana? – gritó mi Mamá desde la cocina

-Lamento decepcionarte Mamá, pero tu hijo es un perdedor, Camilo siempre me gana.

Mamá no se interesó en escuchar mi respuesta y pensé que podía venir a vernos.  Metí mi mano en el bolsillo y busqué el botón para detener el conteo, cuando lo hice, dejé salir a Camilo.

Estaba morado y muy asustado, pero lo mejor de todo es que lloraba igual que mi hermanita.

-Ganaste huevón, ganaste!! – traté de animarlo

-No te quiero ver, casi me muero, maricón de mierda – me gritó el cobarde entre su llanto de niña

-Estas equivocada CAMILA, los maricones son los que lloran y tú estás llorando como una marica.  ¿Se te olvidó?, tú mismo me lo has dicho un montón de veces.

Salió corriendo entre sus gritos y chillidos de marica.  No lo entendía, él me había ganado… preferí entrar a casa.

-¿Quién lloraba tanto hace un rato Pablito? – preguntó mi madre cuando entré         

-Ah… era la Camilita, una niña muy llorona que llegó hace poco al barrio

-Ahh…  y ¿qué pasó con Camilo, hijo?

-Nada, sólo se entró a jugar a las muñecas con su hermana.  Camilo está cada día más raro mamá, ahora resulta que le gustan los juegos de niñas

-No digas eso Pablito…

Mientras caminaba a mi pieza encontré en mi bolsillo el reloj de Camilo, éste sólo marcaba dos minutos con veinte segundos y no los diez o quince que yo imaginé.  No era mucho lo que había logrado, pero le bastó para ganarme como siempre lo ha hecho.  Bueno, pensé, si las próximas derrotas son como las de hoy, no me importa ser un perdedor… a esta edad la derrota me sienta bien.  Ya vendrán los días para ganar.

“La vida es para los osados… dedicado a todos los perdedores”.

Charles Bukowsky

 

Bustok.

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