20 de Julio

La semana recién pasada fue rara. Digamos que tensa. Complicada. A medida que avanzaba las cosas parecían ir complicándose cada vez más. Se lo dije a Daniela, “esto es como una bomba a punto de estallar”. La línea cada vez se veía más delgada. Y bien, terminó la semana y aunque ahora vea todo con un poco más de calma, creo que si bien no estalló ninguna bomba, muchas cosas cambiaron llegado el día domingo.

Quizás las cosas van a continuar tensas, las amarguras van a seguir ahí: latentes. Muchas cosas van a seguir pasando. Pero yo ya no me siento el mismo, pues las cosas malas, los malos ratos, las malas palabras y miradas acusadoras al final las puse a mi favor, porque como me dijeron por ahí, yo no tengo un pelo de tonto. Y es que no me queda de otra, tengo 32 años, una esposa y una hija y ellas se merecen un esposo y un padre que camine por la vereda del optimismo aun cuando por esa vereda llueva, truene o relampagueé.

Siento que igual se vienen semanas difíciles, pero que vengan ya. Aquí las espero. Voy a modificar la manera de enfrentarlas, pero no creo que yo cambie mucho, pues así fui siempre y así siempre resolví mis problemas.

Esta semana estuvo llena de momentos para tomar decisiones y así lo hicimos. Daniela está de mi lado y ambos arrastramos a Olivia y ella, sin saberlo también nos ayuda a hacernos mucho más fuertes. Vamos a seguir tomando decisiones y vamos a pensar mucho los siguientes pasos a tomar. Al menos esta semana ya vimos cuál es nuestro camino.

Ya no quisiera pelearme con nadie, de pronto esa tontera se volvió fome y agotadora. Me ha desgastado mucho pensar en que hay conflictos con otros y que debo enfrentarlos. Quisiera ya no tener que ni resolver las situaciones con otras personas. Yo siempre he sido de la idea de no volver a hablar a la gente con la que tengo algún tipo de “guerra”… sobre todo cuando esa gente no me importa nada. Pero eso también se volvió fome. Además hay personas con las que no podría estar en disputas eternas. Ojalá se resuelvan para bien, al menos esas situaciones que están ahí fresquitas y latentes. Las pasadas, pasadas están… ahí ya no hay nada qué hacer.

Espero pronto poder sentirme 100% bien y armar el plan que nos saque de este contexto que me estaba haciendo mal. Tengo todas las ganas. Obvio que los nuevos planes pueden ser más estresantes que los actuales, pero ya es hora de cambiar de aires, de problemas y situaciones. Nadie me ha dicho que va a ser más fácil o más difícil… y es justamente lo que quiero, un ambiente incierto, enfrentar situaciones diferentes, otros malos ratos, otros buenos ratos.

Así como estoy (o estaba) ya fue mucho.

Andrés.

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