El Dieciocho

Domingo 18 de septiembre. Qué día! Sí, “qué día” decía años atrás, pero la verdad es que durante los últimos 5 años eso no existe. Tampoco es que me esté quejando, pasé muchos dieciochos en Chile sin pena ni gloria y la fecha, a pesar de ser emocionante, tampoco significa el “Gran Carnaval Universal” en la vida de las personas. Yo creo que sin dudas lo que más se extraña es comer… comer… y comer. Y las empanadas se llevan todos los halagos. Sobre todo porque de alguna u otra manera en la semana del 18 aunque las evites “llegan”. No sé cómo, pero aunque hagas una huelga de hambre esa semana por algún lado y de la forma más extraña le vas a entrar a una sabrosa empanada.
En mi último viaje a Chile aproveché de  comer muchas y creo que nunca, pero nunca olvidaré esa hermosa empanada que me zampé en Los Vilos después de casi 3 años sin comer una. Esa bendita empanada parecía ser mágica porque más alla de ser el regreso de ese manjar a mi vida, ésta fue la primera que probó la Oli.

Olivia muy feliz después de ganarme el gallito de quién se quedaba con la empanada.

Ese día terminé hasta enojado porque Olivia la encontró tan rica que no quiso seguir compartiéndola conmigo y me dejó con las ganas de seguir disfrutándola.
El punto es que este 18 me saqué la espina y lo celebré. Estuve a punto de festejarlo con la nueva “comunidad de chilenos en Juárez” que, después de 5 años que llevo aquí, aparecieron de la noche a la mañana y resulta que ahora se creen los reyes de la chilenidad en esta ciudad. Así que ‘chaopescao’. Me dieron paja. Puede que sean chilenos y toda la weá pero para mí son desconocidos así que preferí pasar un día bacán con Daniela y Olivia.

Con la totalidad de los ingredientes y una línea directa al celular de mi mamá me puse manos a la obra. Las lágrimas en los ojos provocadas por la cebolla y las más de 10 llamadas al teléfono de mi madre para su asesoría gastronómica valieron la pena… mis primeras empanadas de pino a más de 8.000 Kms de distancia de Chile quedaron pulentas!! La Dani les hizo chupete y eso me conmovió.

Misión cumplida.

Un vinito blanco con unas cucharadas de azúcar más una casata de helado de limón (porque simplemente no existe o no hacen el helado de piña en esta ciudad) fueron los ingredientes para el mejor terremoto que he tomado en mi vida. Se pasó. Me pasé!

Y bueno, como conclusión puedo decir que las comunidades de chilenos en el extranjero valen callampa a la hora de festejar el 18, pues se pasa mejor en familia, independiente de donde hayan nacido o de dónde estemos. Además espero que este sea el último 18 que paso fuera de Chile así que de alguna forma fue la coronación a 5 años sin una buena empanada en Fiestas Patrias.
Lo otro es que a pesar de que las fiestas patrias chilenas y mexicanas estén tan juntas no tienen nada que ver una con la otra. Los mexicanos son más piola aunque exista más parafernalia con todo eso del “Grito” que lleva hasta fuegos articiales tipo Año Nuevo, pues todo se resume a una noche donde lo que más hacen es resaltar sus comidas típicas. Los chilenos, en cambio, somos mucho más agresivos a la hora de festejar nuestra independencia, pues las celebraciones parecen ser eternas. Fácilmente se puede llegar a una semana de mambo si los días 17, 18 y 19 no ‘caen’ en sábado o domingo. Igual y quizás eso sea lo más feo porque al final todo se resume a un gran carrete en el que hay espacio para los amigos y la familia. Las tradiciones, la cueca, las payas y todo eso son una vil pantalla porque todo lo que queremos es comer y tomar, carretear y tomar, dormir y tomar, ir a la playa y tomar. Tomar y tomar.

Mañana es 19 y en Chile seguramente a esta hora el festejo sigue non stop. Aquí, en cambio, mañana hay que volver a la rutina. El martes es 20 y en Coquimbo suguramente el jolgorio parecerá no tener fin. Aquí, en cambio, ya verán más cerca el Día de Muertos que las fiestas patrias recién pasadas.

Ahora me voy, fue una buena semana a pesar de los dolores de cabeza de siempre. Extrañaba escribir y espero poder seguir haciéndolo así, más corto y más actual, aunque sea una vez a la semana. Al mes. O al año.

Chauchera!

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