He vuelto

Pues nada, se me complicó seguir escribiendo todos los domingos y fallé… fallé justo el 16 de octubre, uno de los días que más me interesaba escribir… no sólo por ser el día en que cayó en cana el Dictador o por ser el cumpleaños de dos ídolos como Flea y Oscar Wilde (quizás cuántos más bacanes nacieron ese día). Era importante porque iba a enterar un mes escribiendo sagradamente y pues no… no lo hice. Lo que pasó es que me fui al Norte y desde entonces he pasado muy poco en casa. Los fines de semana han sido un ir y venir, dormir poco y trabajar mucho. Estar un poco enfermo y estar otro tanto preocupado porque la Oli ha estado enferma. Además está cambiando el tiempo. De a poco se está viniendo el frío, no de golpe como otras veces, pero por ahí viene. El viernes hubo tormenta de granizos y quedó la mansaca… justo veníamos llegando a Juárez. Ese día murieron dos personas, pero no cuentan en las estadísticas de los “muertos en crímenes dolosos”… fallecieron por causas de la tormenta! Cáchense… si existían las lluvias matapajaritos, ahora hay que agregarle las granizadas matapersonas. No alcancé a comentar que al final octubre terminó con casi 100 asesinados… ahora sí por causas de “crímenes dolosos”. Brígido. Ya van más de 400 asesinados, una cifra que supera al año 2008… el mismo que vio el inicio de la ola de asesinatos en esta ciudad. Igual y los muertos en su mayoría andan metidos en weás raras. La mayoría son tipos que andan vendiendo drogas en territorio que no les corresponde y pum! ahí estám los locales que cuidan la “plaza”. Hay todo un lío por el rearme del cártel del capo de capos que quiere volver a meterse en esta ciudad y la guerra que les declaró el cártel de aquí. Y en eso se la pasan, de masacre en masacre… hubo días con 5 o 6 muertos.

Pucha, me gustaría contar lo que he estado haciendo, pero no puedo. La paranoia se contagia y al final uno ha tenido que aprender a vivir con ese “miedo” del que te contaron cuando llegaste aquí. Así que prefiero (porque además me conviene), omitir y dejar las cosas así… el que cacha-cacha. Igual ha sido bacán volver a a llevar una rutina más o menos parecida a la que llevé en el 2013, justo antes de viajar a Chile por segunda vez desde que me vine.

Ya no he vuelto a recibir llamados cuáticos como los que recibí entre fines de septiembre y principios de octubre. Menos mal.

Me quitaron el Netflix y lo último que vi fue El Marginal, una serie argentina muy buena. Conté que hace un tiempo perdí mi billetera y lo primero que hice en mi paranoia y desesperación fue bloquear mi tarjeta de crédito? Conté que al rato la encontré y fue imposible hacer el desbloqueo? Conté que por aweonao me quedé sin Netflix? Y lo peor, justo ahora que lo necesito más que nunca no podré usar Uber (carita triste). Puta la weá, qué lata eso… En Falabella la única opción que me dan es que mande un poder notarial a Chile para que un tercero me haga todo el trámite y le den mi nuevo “plástico”. Puta la weá fácil pensé… y sípo, sólo lo llegué a pensar, porque en cuanto supe cuánto vale una miserable firma notarial aquí en Juárez quedé pal loly… 100 dólares en promedio!! Váyanse a la chucha, ni cagando pago esa plata por un puto timbre y firma. La cosa es que averigüé y al parecer en EEUU me sale como 10 de los verdes, así que recién esta semana puede que lo haga.

A propósito del Chuco… yiaaaaa, me creo fronterizo! así le llaman aquí al lado gringo en esta frontera. Pero bueno, a propósito de EEUU, me van a creer que todavía no me dan cita para presentarme a Corte por el choque que está a casi un mes de cumplir un año?? En estos días tenía la idea fija de ir a pagar la multa (300 dólares), pero por ahí me contaron que mejor no vaya y siga esperando porque si me fijan la cita y no va el policía, chingué! (yiaaaa)… o sea, me rajé, sin policía, no hay multa. Me podrían perdonar incluso si va el policía y éste no se acuerda del porqué estamos ahí. La verdad es que igual ya me tiene chato. Llevo un año llamando cada semana para saber si tengo fecha de Corte y nacalapirisnaca. Quizás termine pagando igual la weá.

En estos días que debí escribir y no lo hice también pasó algo importante. Cumplí 4 años de casado. Trígido igual. Es harto, igual ha sido bonito pese a lo que ha costado, más que nada por la incertidumbre del lugar en el que estamos… pero está bien. La gente se casa porque se ama y se quiere y eso es bonito. Yo siempre me alegro por la gente que se casa. Bueno, menos por los que se casan por “Amor a Primera Visa”… esos son chantas. A lo que voy es que la gente se casa porque de pronto chocan con otro y cachan que a partir de ahí el destino va a ser compartido. Y entre dejarse pasar e ignorarse es mucho mejor y bonito seguir juntos a ese destino. Mucha gente bacán que conocí en la vida se ha casado y yo me he alegrado por eso porque al final casarse es como seguir una ley de la vida, una ley que siguen esos que creen en algo grande. No sé si me explico bien, pero el amor es algo grande y casarse es como juntar fuerza con otro para llevar eso tan grande que es el amor. Igual y hay quienes se separan y no logran seguir ese camino y yo cacho que es de puro flojos nomás porque es obvio que casarse no es llegar y ponerte un anillo y sacarte una foto con la libreta de familia en la mano (yo ya tengo la mía… me re-casé en Chile), casarte es tener cualquier aguante porque igual no todo es maravilla y es súper pesado mantener esa institución. Yo tengo muchos amigos que no creen en el matrimonio… ni en los hijos, y pucha me da lata porque siempre en vez de argumentar en el porqué sí de su decisión, justifican el porqué no. Como que puro le tiran mierda al casarse. Igual los respeto en todo caso. Al final la vida se trata de decidir y si yo decidí que sí, otros decidieron que no. Por mi parte yo he sido feliz con Daniela, no imagino mi vida sin tenerla conmigo, aunque a veces nos de por pelear u odiarnos o incluso yo me porte mal… yo quiero estar con ella para siempre porque por eso me casé. Además me dio al ser más bacán que conocí en mi vida, la Olivia.

Bueno, ya se me hizo tarde… tengo la media cagá con los relojes. Hoy empieza el horario de invierno y se retrasa la hora, pero como mi compu cree que está en el otro hemisferio tiene cualquier hora, menos la de aquí… ni la de allá. Mañana nos vamos otra vez al Norte y hay que puro ponerle weno.

Chao.

 

 

 

 

Mi propio “No”

Esta semana se cumplieron 28 años desde que ganó el NO en Chile. El No poh wn! Las dos letras con las que Chile sacó a Pinochet del poder. No es cualquier weá y a pesar de todo lo que vino después con esa falsa alegría que iba a venir  y nunca llegó tengo mil recuerdos de ese día, de esas semanas previas y de todo lo que pasó una vez que la generación de mis padres decidió que el asesino ya no seguiría al mando de nuestro país.

Bonita época, porque a pesar de que en Chile todavía se seguían violando los derechos humanos y la gente, incluyendo mi familia, todavía la seguía pasando mal, yo era cabro chico, tenía 6 años y mi mundo era del porte de un pajarito… no cachaba mucho. Pero eso no significaba que no supiera nada porque, aunque vagos, igual tengo recuerdos de haber ido a la famosa “Concentración del No”. La última gran marcha antes del plebiscito que se hizo en la Panamericana.

Fuera de todo alcance político, que tampoco es necesario porque basta con referirse al dictador como un asesino para saber de qué lado estuve, estoy y estaré, esta entrada es para referirme por vez primera a uno de los grandes ridículos de mi via que hice, precisamente, ese inolvidable día.

Como lo dije. Yo era cabro chico. Quería que ganara el No, sabía que Pinochet era un asesino, vi muchos militares golpeando a mis vecinos, a los ‘cabros de la esquina’, me encerraba en el baño con mi mamá y mi hermano cuando los gases lacrimógenas se hacían irresistibles… e invivibles. Podríamos decir que entendía la realidad, pero no del todo porque igual cantaba enterita la canción nacional con esa estrofa asquerosa que agregó el dictador y que mi generación se vio obligada a cantar y aprender por inercia cada lunes en todos los colegios de Chile y antes de cada acto que se realizara en la escuela… Ahora que lo pienso bien, me da vergüenza saber que la cantaba sin entender que eso que estaba haciendo era validar al asesino y sus milicos.

Por eso digo que a pesar de entender las cosas, en mi pequeño cerebro de maní también había un mundo paralelo de niño. Cosa muy normal a los 6 años.

Pues bien, resulta que por aquellos días yo había aprendido a hacer cohetes de papel (o avioncitos, como también les llaman), y estaba muy emocionado porque para mí había sido todo un logro aprender a doblar una hoja de tal modo que al lanzarla, ésta ¡volara!. Ese día además no hubo clases, era miércoles y la primavera ya permitía que nosotros los niños saliéramos al pasaje a jugar hasta más tarde.

Como en la mañana el ambiente estuvo raro y los papás se turnaron para ir a votar sin dejarnos solos a mí y a mi hermano que a penas iba a cumplir un año, estuve prácticamente encerrado todo el día, siguiendo las órdenes de mi mamá, de mi papá y luego de ambos. Vivíamos en La Florida y el sector siempre fue muy combativo a la dictaura, por lo tanto, ese día ningún papá se arriesgó con darnos permiso por salir a la calle, pese a que estaban todas las condiciones para dejarnos salir aunque sea un ratito.

Ya entrada la tarde y junto a los primeros conteos de votos que daban por ganador al Sí, según los medios oficiales del asesino, el ambiente se puso tenso en la casa y en el barrio. La gente no quería creer que el Pinocho podía seguir en el poder y todos, incluyendo a mis padres se pusieron nerviosos. Con un panorama así mis papás comenzaron a estresarse más de la cuenta y ante mi insistencia optaron por darme permioso para salir al pasaje a jugar. Fome igual, porque no había nadie, ningún amigo, ningún vecino estaba afuera. Sólo se escuchaban los televisores encendidos con la voz de Cardemil, el vocero de la dictadura, dando los primeros resultados del plebiscito.

A falta de amigos agarré un cuaderno, me puse a hacer aviones de papel y comecé a lanzarlos hacia el cielo.  Es aquí donde comenzó mi propio “No”.

Al principio mis avioncitos o cohetes no me quedaron, no volaban, no duraban ni dos segundos en el aire, así que perfeccioné mis dobleces y me lancé en mi aventura… Los cohetes comenzaron a volar y sin darle importancia, a lo lejos, oía aplausos… Al principio dudé, pero insistí y los aplausos seguían. Uno, dos, tres cohetes. Más y más aplausos!

Sin dudar sabía que esos aplausos eran para mí, para mis avioncitos, para sus vuelos que cada vez duraban más en el aire. Me sentía un ganador. A pesar de no haber nadie ahí mirando, sabía que mis vecinos miraban tras sus cortinas cada lanzamiento y al ver volar mis papeles aplaudian a rabiar. Sólo la voz de Cardemil en los televisores de la villa, hablando de porcentajes, de regiones, de un total de votos escrutados, del sí, del no… se interponían entre el vuelo y los aplausos.

Así estuve mucho rato. Me daba vergüenza, porque siempre fui tímido, pero sentía que los aplausos al venir desde “las sombras”, me ayudaban a no ponerme rojo y a seguir intentando cada vez un mejor lanzamiento para mi público secreto. Yo sentí que ese era mi día, que mis vecinos, incluida la señora de la esquina que siempre nos rompía las pelotas cuando caían en su casa, me querían, me prestaban atención, me miraban y esperaban ver el vuelo de mis avioncitos. Por eso seguí, porque incluso comencé a notar que los aplausos venían desde mi casa. Y del frente, de al lado, de atrás… de todo el pasaje. Nunca olvidaré esa sensación. Me sentía un ídolo, me sentía más grande que el mismo Pato Yañez.

Pero me tuve que entrar. Ya eran las 9 de la noche, mis padres escuchaban la Cooperativa y yo me puse a ver El Correcaminos, que extrañamente lo estaban dando en la tele a esa hora. Pregunté como iba el No y mi mamá estaba contenta porque dijo que íbamos ganando, pero Pinochet no lo quería aceptar. Nadie me dijo nada de mis cohetes y lo encontré raro, pensé que se trataba de un plan para continuar con el juego de mis admiradores secretos, así que yo tampoco dije nada.

Esa noche fue larga. Se escucharon balazos, pero la gente estaba en las calles festejando. Ya eran pasadas las 12 de la noche y se oía desde Avenida La Florida que la gente cantaba “Y ya cayó, y ya cayó”. Todos estaban felices, el No había ganado. Yo también lo estaba, sabía lo que eso significaba. Íbamos a vivir mejor, sin miedos, sin milicos en las calles. Se venía algo diferente, algo que ni yo mismo conocía. Algo que mis padres extrañaban porque ellos sí lo habían vivido. Todo era alegría… era como si esa alegría que prometieron, ya estaba ahí, ya había llegado. Pero también estaba feliz porque esa tarde fui el mejor lanzador de cohetes del barrio y aunque nadie me dijera nada, todos me habín aplaudido desde sus casas mientras Cardemil daba los primeros indicios de que el No estaba repuntando y se acercaba a la alegría.