Falsa Extorsión

El jueves quise aprovechar que tuve la mañana libre para hacer un par de cosas que estaban pendientes con Daniela. Una de ellas era ir por unas tarjetas de presentación de PomponsParty, que para variar nos cuentearon con la hora y fecha de entrega (algo muy típico por acá). Al final fuimos a puro dar la hora. El asunto es que en eso estábamos cuando sonó mi teléfono. No era un conocido ya que no me aparecía el nombre de algún contacto guardado. Sólo vi varios números y contesté.

Me habló un hombre que se identificó con un nombre “X” (la verdad es que ahora ya no lo recuerdo). No pidió hablar conmigo ni se interesó en saber con quién hablaba, pues parecía saber que ya hablaba con la persona indicada. Dijo que llamaba del “Departamento de Investigación” por una denuncia que YO había hecho ante la policía sobre unas ‘trocas’ (camionetas) robadas y en cuyo interior habían “hombres fuertemente armados”… WHAT!

Le dije que no sabía de qué hablaba y que quería saber con quién estaba yo hablando, pero el tipo insistió en que si ratificaba o desmentía MI denuncia, lo que YO había visto. Le insistí en que se habían equivocado de número, que yo no era la persona a la que buscaba. Ahí el tipo se puso agresivo y me dijo que si acaso mi número no era el xxxxxxx (mencionó correctamente el mío), pero le insistí en que no. Eso no le gustó y soltó un ofensivo “no te hagas pendejo, tú sabes quién te habla y porque te estamos marcando…”

Corté.

La verdad es que me puse nervioso, caché al toque que alguien me quería “cargar” algo que yo no sabía y la forma de hacérmelo saber no era la más sutil… “pendejo” es un insulto fuerte en México y no cualquier desconocido te lo dice si no es para agredirte. Pensé en apagar el teléfono o incluso cambiar el chip si seguían llamando, pero preferí dejarlo así para saber si volvían a llamar y ahí tomar alguna decisión. Le conté de inmediato a Daniela y obvio que se asustó mucho.

En el camino de regreso a casa pensé mil cosas y una de ellas fue la “extorsión”, llamados típicos que hacen para amenazarte con hacerte daño si no haces algo que algunos tipos quieren que hagas, principalmente sacarte plata. Es algo muy común aquí en México por lo que todo apuntaba a que se trataba de algo así.

Me sentí raro porque en 5 años que llevo aquí nunca me había asustado con alguna situación de las que tanto habla la gente aquí. Siempre me sentí ajeno a todas esas historias de amenazas. Llegando a casa revisé el visor de llamadas entrantes en el teléfono fijo y respiré tranquilo al ver que nadie había llamado a la casa. Luego pensé en que jamás asocié ningún dato personal con mi número de celular en Telcel (mi compañía). Es más, nunca lo hice por lo mismo, porque sé que es mejor así previendo este tipo de ‘casos’.

Ya más tranquilo revisé el número desde el cual me llamaron y el código, o LADA, como le llaman aquí no era el 656 que corresponde a Juárez, sino un desconocido 686. De inmediato fui a Google y escribí lo siguiente: “LADA 686”. Los términos predictivos del buscador fueron lapidarios ya que de inmediato, entre las alternativas que ofreció a mi búsqueda, apareció el concepto “extorsión”. Ahí entendí todo. Por fin.

ext

Todavía no logro entender porqué a los códigos les llaman lada.

Ya con eso dejé de darle importancia. Con todo lo que leí llegué a la conclusión de que los llamados de extorsión desde Baja California, estado al que pertenece el código 686, son muy habituales. Algo así como las estafas telefónicas desde la cárcel en Chile. Pues bien, había sido víctima de un intento de falsa extorsión telefónica desde Tijuana, Mexicali o algún otro municipio del estado de Baja California.

Igual y ahora me da risa, pero en su momento me dieron ganas de salir corriendo de aquí… era la mejor excusa para irme y no volver jamás. Pero filo!, ya pasó, son cosas que pasan, en el fondo hasta le puso un poco de color a la semana y eso se agradece. Recuerdo cuando en Chile me llamaron para decirme que me había ganado “un computador Sony de ‘vayo’ gentileza de su compañía y TVN”. Esa vez agarré pal weveo al tipo un buen rato y cuando éste se dio cuenta me soltó el medio rosario y me dijo hasta de lo que me iba a morir. Me reí en su cara y fue divertido porque sabía que era un longi que nada podía hacerme. Aquí si me volviera a pasar no creo que reaccionaría al igual que en Chile porque la verdad es que acá las cosas funcionan de manera distinta, los llamados para amenzarte y darte datos de los movimientos de tu familia son reales y mucha gente ha muerto por este tipo de llamados, además, por mi acento soy muy fácil de reconocer e identificar, así que es mejor optar por lo sano y cortar nomás. Después de todo, nunca se sabe.

Chao!

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