Martina

Martina hoy estuvo triste. Comió muy poco. Vomitó cosas feas. Estuvo solita. Durmió. Ahora mismo duerme a mis pies un poquito cansada y melancólica. A ratos, cuando siente un leve movimiento, abre sus ojos y me mira así como con cara de “ten más cuidado”. Y es que hoy Martina estuvo triste y muy poco pudimos hacer para sacarla de esa pena.

La Martina llegó a esta casa en extrañas circunstancias. Habíamos regresado de Chile hace poco y todo, absolutamente todo, se veía complicado. Pasábamos días complicados (no sé si peores a los de ahora, pero complicados). Muchos preguntan cómo llegó, dónde la compramos, cuánto costó, quién la vendió…. de dónde la saqué! Y qué importa eso? En qué cambiaría la historia entre ella, Daniela y yo? Martina llegó porque la necesitábamos y ella nos iba a necesitar.

Recuerdo que era pleno verano, último día de julio. Daniela estaba triste. Muchas cosas pasaban. Y Martina cambió todo.

No nos gustan las responsabilidades y Martina se convirtió en ese instante en la mayor. Medía 15 centímetros, dormía todo el día, comía comida de bebés. Se embarraba toda la cara al comer. Meaba tan poquito que limpiábamos con una servilleta. La queríamos tener siempre con nosotros, pero ella huía… los 40° de calor en este desierto hacían que ella buscara el lugar más cómodo y fresco y ese lugar era el baño, justo detrás de la taza. Allí pasó sus primeras noches, nunca durmió en la improvisada casa-camita que le hice. Con el tiempo botellas con agua congelada se transformaron en imprescindibles para sus siestas y noches.

La llevamos al veterinario y era tan pequeña que no la vacunaron.

Pasaron los meses y Martina se hizo parte de nosotros. Y nosotros parte de ella. Nos devolvió las ganas de creer en algo en común. Nos regaló las ganas de hacernos responsables de su vida, de sus juegos, de sus malestares y de todo lo que le pudiera hacer daño. Pasaron los meses y la dependencia de nosotros hacia ella fue tan grande como la de ella hacia nosotros.

Creció. Y aunque aún no cumple su primer año ya pareciera que lleva toda una vida con nosotros. Ya tiene todas sus vacunas. Su “pasaporte”. Amigos. Niños que la quieren. Perritos con los que juega. Rincones que toda la vida va a mear. Fanática del pollo y las papas fritas (aunque las tiene prohibidas porque le hacen mal). Cada vez le gusta menos bañarse, pero ama el secador de pelo. Hasta hace muy poco recién la logramos acostumbrar a comer su comida. Hay gente que nos dice que es una Poodle y otros que una Bichón Maltés… pero nada de eso me importa. Ella es un perrito de amor, de cariño y amistad. Es compañera, fiel y cariñosa. Es Martina y ni la mejor raza pura o kiltra harán cambiar mi amor por ella.

Martina se ganó mi respeto y admiración porque después de Daniela es el ser en el que más confío en este ciudad. Ella no cuestiona, no se enoja, no me manda, no me envidia, ni me juzga. Ella siempre está lista para un cariño, para un paseo, para un abrazo.

Por eso hoy al verla triste, me puso a mí también triste.

Y yo no voy a dejar que eso pase, no voy a tolerar ver mal a quien me da cariño… cariño incondicional. La llevamos al parque, el lugar que más le gusta visitar en estos días. Caminó feliz, meó hasta que se acabó sus reservas de pipí. Cagó todo lo que quiso. Olfateó cada árbol de ese parque y regresó tan cansada que por poco y se acaba su agua. Quizás por eso ahora duerme tan bien. Quizás por eso ahora ya ni abre los ojos con mis movimientos.

Vamos a dejar esto hasta aquí. Hoy Martina, Daniela y yo estuvimos tristes. Es tarde, ahora queremos dormir. Nos queremos mucho.

Así se paso la tarde... durmiendo junto a las plantas en la entrada del departamento, aprovechando el sol, esperando su paseo al parque.

Así se paso la tarde… durmiendo junto a las plantas en la entrada del departamento, aprovechando el sol, esperando su paseo al parque.

 

@Nomasfe @Rodilladesnuda @Martina

Un pensamiento en “Martina

  1. siempre he querido que me importe harto la política y esas cosas, pero me doy cuenta de que es imposible luchar contra mi gusto por lo inútil cuando encuentro esta clase de blogs amantes de lo no importante y me quedo leyéndolos sin obligarme, cuando se me impregna otra vez la hermosura de la cotidianidad y me hundo en un sin-tiempo en el que ya no existen las entregas de fin de semestre ni la productividad. gracias.

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