Cachureos: y cualquier cosa allí podía pasar

Recuerdo perfectamente la mañana en que durante la clase de Artes Plásticas, nuestro querido profesor, Fredy Miranda, nos anunció que en los próximos días visitaríamos el programa infantil más exitoso de aquella época: Cachureos.

La felicidad fue tal que aquel día salimos al frontis de mi colegio y, previa entrega de tizas de colores, dibujamos en el suelo lo que más identificará nuestra felicidad.

Personalmente no tengo memoria del garabato que debo haber realizado (nunca fui un buen dibujante como El Señor Lápiz), sin embargo jamás olvidaré la emoción que sentía al entonar con mis compañeritos y compañeritas los éxitos de nuestro programa favorito.

“Yo soy tu amigo Marcelo y yo te invitó a cantar y para hacerlo muy bien, primero vocalizar… A aaaaaa, E eeeeee, I iiiiiii, O ooooo, U uuuuu…”. Pintar y cantar pensando en Cachureos a los 7 años era la máxima alegría a fines de los 80’s.

Y bien, llegó el día D, una micro muy viejita nos llevó hasta el canal 7, creo que se llamaba Mopocho – Lo Vial. Parecía todo perfecto, todo pintaba para que fuera la mañana más inolvidable de mi vida.

Y lo fue.

Llegando al lugar me entero de la primera mala noticia: el programa era grabado. Ok, es comprensible, pero no le pidan a un niño de segundo básico que entienda las normas de la televisión, pues para mí no lo era, a esa edad las cosas son y punto. Así veía la vida.

Ya todos en fila india y ad portas de ingresar a uno de esos galpones numerados que se llaman estudios, un nuevo golpe bajo me azota sin clemencia. La grabación había comenzado y no seríamos parte completa del programa, sino que sólo una parte de éste. Eso dolió y mucho, pues era fan de Cachureos y quería ver todos los concursos, cantar todas las canciones y mientras esperaba y esperaba afuera, adentro, otros niños vivían lo que yo iba dispuesto a vivir.

Pero las malas nuevas seguirían en aumento, no creo que en ese minuto mi mente de niño hubiera pensado que “ya nada puede ser peor”, pero si lo dije de seguro estuve muy muy equivocado, pues las malas experiencias continuaron.

Sin duda que el personaje más temido en esa época era en invencible Tiburón, el ser acuático que se presentaba en el estudio y literalmente se tragaba por la boca a los niños!!!! ante el asombro de todos los presentes y millones de televidentes. Comía zapatillas, polerones o lo que alcanzara a quitarle a Marcelo, quien, a duras penas, siempre trataba de evitar que el temido ser del mar hiciera desaparecer los niños ante nuestros ojos.

Iba dispuesto a enfrentar mis peores miedos con el Tiburón cuando a solo pasos de ingresar (por fin) al estudio me doy cuenta de que estaba sobre una esponja color plomo. Un señor con fonos, seguramente parte de la producción, me advertía: “hey, niño, no pise los disfraces de los personajes, por favor”.

Me quería morir, el temido Tiburón no era más que un pedazo de esponja pintado, tenía unos dientes pintados con témpera blanca y más débiles que una sustancia (de esas que se comen como golosinas). Fue horrible, parecía un estropajo, yo creía que era parte de la basura, pero no, era uno de mis últimos grandes miedos de la vida que acabó derrotado bajo mis zapatillas Diadora.

Entramos, nos ubicamos, todo estaba bien, al fin disfrutaba mi estadía en el estudio de mi programa favorito, Marcelo era blanquito y muy rubio, simpático, casi siempre se reía, El Señor Lápiz y El Señor Oso eran los más entretenidos y amorosos. Cantamos un par de canciones y fuimos a comerciales… y ahí todo cambió. Marcelo nunca se acercó a firmar nuestros cuadernos de Artes Plásticas, su sonrisa ya no estaba y discutía con unas señoras, los niños seguíamos gritando como si estuviéramos al aire y unos señores nos pedían silencio. De pronto todo era confuso, el ambiente era pesado, las luces se habían apagado, Marcelo gritaba, estaba enojado, peleaba con unas maquilladoras. Con mis amiguitos nos asustamos, creímos que algo muy malo estaba pasando, pero…

Volvieron las luces y todo cambió nuevamente, las caras alegres, Marcelo nos quería, era otra vez el tío de todos. Comenzaba la seguna y última parte en la que participaba mi colegio y para alegría nuestra había REGALOS!!! “Un tarro de Cola Cao para todos los niños presentes el día de hoy”, gritaba Marcelo mientrás celebrábamos y cantábamos la canción de la publicidad que, gracias a Dios, ya olvidé. Yo estaba muy feliz, más que el suplemento alimencio que endulzaba la leche de cada mañana antes de ir al colegio, lo que más me entusiasmaba era el regalo que traía al interior: un Mini Saltigom!!!!

Quizás muchos jamás recuerden los míticos Saltigom y menos la edición limitada de los Mini, que en realidad eran los mismos pero en un formato mucho más pequeño…. pero qué era en realidad el Saltigom?

Explicarlo sería un tanto difícil, pero se trataba de una goma que saltaba. Los grandes eran similares a una pelota de tenis partida por la mitad, entonces uno hundía la parte gorda así como queriendo darla vuelta, pero ésta tenía un tope que hacía q se devolviése, pero lentamente hasta hacerlo en forma violenta… si uno la dejaba sobre el suelo o una mesa en ese violento retorno a la forma natural de la goma daba un salto bien alto (he ahí lo de Salti). Era un juego bien ñoño, no tenía ninguna ciencia, pero gustaba y era popular. Yo prefería el mini porque al ser más pequeño era más liviano, pero su salto era mucho más alto. Era un juguete muy popular a fines de la década de los 80, tan popular como la Saltarina o el Camión Goliat, en realidad no sé porqué el día de hoy no es tan recordado como esos ilustres amigos de los niños.

Volviendo a Cachureos… Ya con el Cola Cao en la mano y mi juguete preferido de la época todos los malestares vividos en mi paso por el programa número uno de la televisión chilena se habían olvidado, por fin Marcelo me hacía feliz y sólo esperaba llegar contento a casa con mi Cola Cao y el paquete de fideos gentileza de Luchetti que también nos habían regalado.

Pero vino lo peor. El llanto, la decepción y el odio máximo por Cachureos aún no comenzaba. Nos despedimos al aire, cerramos con “el grito, el grito, el grito” y cantamos la clásica canción de “llegó la hora de entrar al club…”.

Sin querer yo mismo lo grité esa mañana mientras cantaba bien fuerte ‘y cualquier cosa aquí puede pasar’. Se apagaron las luces y antes de salir un señor de aspecto normal tomaba una caja de cartón y nos indicaba devolver los Cola Cao dejándolos al interior de ésta. No lo podía creer!!! Mi única alegría de ese día terminaba en una caja de cartón al interior de un estudio oscuro de Televisión Nacional de Chile. No lloré, pero por dentró me sentía horrible, las mamás que nos acompañaban discutieron el desagravio, pero nadie entregó una explicación. Así eran las reglas.

Mis amigos, que no entendían mucho lo que había pasado no se hicieron mayores problemas y subieron felices a la Mapocho – Lo vial que nos dejaría en el frontis de nuestro colegio. Mientras volvíamos trataba de pensar dentro de mi iniocencia normal de un niño de 7 años de 1989. Creía que era un castigo de Dios por mis malas notas, en primero básico tuve promedio final 7 y para segundo un 5 en matemáticas me avisaba que ya no tendría el mismo promedio en segundo básico. También creía que al ir muchos ese día no le dejábamos a los niños que irían la semana siguiente, no sé, en realidad buscaba explicaciones para no sentirme tan mal.

Al llegar finalmente a mi casa tiré el paquete de fideos en la cocina y me largué a llorar, lloré mucho, fuera de los innumerables accidentes que tuve en esa época no recuerdo haber llorado tanto cuando niño, tenía pena y era lógico, era un niño y me habían hecho daño, un daño terrible que ahora que lo relato, comprendo me debe haber afectado mucho. De todos modos al otro día ni me acordaba ya de lo que había pasado, pero aún guardaba rencor y quizás por eso no me interesó ver el programa el fin de semana que lo emitieron. Ese día vi en Canal 11 a Ayrton Senna en la Fórmula 1, quien luchaba palmo a palmo con Alain Prost por obtener el bicampeonato mundial. Ese año 89 ni Senna ni yo estábamos preparados para repetir el éxito de 1988, pues Prost se quedaría con el título y yo no alcancé la nota 7 en mi promedio final de segundo básico.

Con el tiempo mi odio por Cachureos quedó en el olvido, lo veía a menudo ya de grande, con 15 o 17 años, me gustaba una de las chicas ye-ye a tal punto que esperaba conocerla y todo eso, obvio que nunca ocurrió, pero de que me gustaba, me gustaba mucho.

No fue hasta el 2005 que no volví a poner un pié en TVN. Había postulado para hacer mi práctica profesional y ahí estaba yo, enfrentando uno de mis traumas de niño. Recordé todo mientras ingresaba, pero Cachureos ese año había pasado a La Red (Canal 4). Ya nada era lo mismo y ya no valía la pena sentir resentimiento por ese trozo de goma y el tarro de Cola Cao. Las heridas de Marcelo y sus secuaces ya estaban cicatrizadas.

Bustok.

9 pensamientos en “Cachureos: y cualquier cosa allí podía pasar

  1. Yo recuerdo haber visto el show de Cachureos 2 veces (en vivo, y dados los antecedentes arriba expuestos, por suerte!). La primera, me imagino que por allá por el ’84, en mi natal Copiapó y la segunda, a principios de los ’90, ya en Ovalle. Ciertamente mis experiencias no fueron para nada traumáticas como las tuyas, pero sí siempre “supe” que Marcelo era una soberana mierda fuera de cámaras. Pero ya el hecho de que les hayan pedido los Cola Cao de vuelta y que todo haya sido una basura… ufff! increíble! El descaro que tenían para llegar y traumar a cuanto cabro chico se les ocurría, por lo que escribiste, era terrible.
    Menos mal que los monos animados de la actualidad no salen de la tele para provocar estragos en las psiquis de las nuevas generaciones… estas nuevas generaciones se cagan la onda solas xD!
    En fin… un abrazo!

  2. Yo tambien jugue con los saltigom los grandes y los pequeños, y es verdad los de colacao eran mas entretenidos pero habia que esperar para que saltaran, sin embargo el grande cuando lo dejabas caer saltaba, los disfrutemucho en el colegio y webia a mi madre para que me lo comprara jajajajajaja que buenos tiempo, pero que pena lo de cachureos, lo bueno ya quedo atras… saludos

  3. Pingback: Querido (a) Profesor (a) | Nomasfe

  4. Creo que no conozco a nadie que me haya dicho “fui a cachureos y lo pase increíble” jajajaja. Yo poco recuerdo de mi ida a Cachureos, tengo algunos flashbacks seguramente lo demás lo olvide o suprimí por mi traumatica experiencia.
    Solo recuerdo que fui con mi madrina y su hija, llegamos y al estar sentadas esperando, entra Marcelo gritando a todo mundo, incluso a nosotros…. “Corranse, apretense más, ya pues niñita correte” recuerdo su rostro como si fuera ayer, le salia fuego por los ojos, yo tenía como 6 años.
    Desde ese primer momento quise irme de ahí, me sentí decepcionada. Cuando termino la grabación nos fuimos a casa y nunca más ví Cachureos hasta el año pasado.
    Fuimos con mi grupo de tejedoras (LanaAttack) a trabajar a Kidzapalloza, tuve que presenciar toda la prueba de sonido del show de Cachureos, recordé todo y Marcelo seguía siendo el mismo gritón, amargado, mala onda de siempre.

    Siempre me gusto más “el mundo del profesor rosa” aunque también conocí a Ivan arenas y no era más simpático que Marcelo.
    Y “Patio Plum”, conocí a Samuel Villaroel, el si es un amor.

    Un abrazo! 🙂

  5. Yo también tuve un Saltigom!!… me estaba acordando de eso hace un rato y llegué aquí. Sabía que alguien más se acordaría de ese juguete simple, hasta fome, pero que te dejaba pegado jugando!

    Yo no veía Cachureos, no me gustaba… era más de la onda del Mundo del Profesor Rossa (antes de los videos)… nunca fui al programa, si es que estuvieron alguna vez en Valparaíso. Eso sí, cuando era adolescente, trabajaba de empaque para un supermercado en Valparaíso, y una vez estaba Marcelo en el súper; cuando pasó por la caja, se notaba en un evidente estado de ebriedad, trató mal a la cajera y no pescó a nadie. Realmente patético el tipo…

  6. ooohhh ctm esto es una bomba me interesa tus experiencias muy detalladas voy a hacer un video como de creepyleyenda muy bueno

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