Me quedaré en El Túnel todo lo que sea necesario

El 4°E 1999 del Liceo Alessandri de Providencia fue especial. Innovador en muchos aspectos, quizás el principal fue atreverse a tener ramos o asignaturas muy ligadas al Arte y la Literatura… de todos esas materias la que más marcada me quedó fue Valores Humanos. La materia la hacía una profe que era igualita a Patricio Yáñez, sí el mismo jugador de fútbol que en el mítico Maracanazo ofreció sus partes íntimas a la tribuna brasilera mientras se retiraba de la cancha del Maracaná tras la ‘agresión’ al Cóndor Rojas.

Cómo sea, La Pato Yáñez no era muy querida y se burlaban mucho de ella. Yo, en cambio, me tomaba bien en serio la asignatura, me gustaba leer y más que el arte, me llamaba más la atención la parte relacionada con la literatura.

La Pato Yáñez era de esas profes exigentes. Nos hacía leer libros cabezones de la talla de Orwell 1984 o Un Mundo Feliz… El Extranjero o Farenheit 451. Todos grandes títulos y todos bien amados por mí. Pero hubo una prueba en que pudimos elegir leer el libro que quisiéramos y bueno,típico del flojo adolescente, todos eligieron un libro ya leído… la mayoría escogió uno que se llama “Soy de la Plaza Italia”, un libro que yo llevé a la clase y que a la mayoría de mis compañeros les gustó porque hablaba con garabatos y el protagonista era un tipo bacán y mariguanero. Yo sabía q el libro era malo… entretenido, pero malo. Yo no lo propuse para mi prueba, yo escogí otro, uno que tuviera que leer.

Me fui por El Túnel, un título archi conocido, pero que jamás había leído. Poco sabía de Ernesto Sábato, su autor. Nunca recordaré bien por qué lo leí, por qué quise que fuera esa mi prueba. No es por quebrarme, pero como siempre, fui la mejor nota del curso. Obvio, si era el único que se tomaba en serio el ramo.

La nota en realidad a mí me importó bien poco, pues la satisfacción de haber leído a Sábato fue tan grande que aquello pagó cualquier costo. No ahondaré en el por qué, pues para mí sigue siendo, 12 años más tarde, un proceso bien oscuro de mi vida que nunca he logrado comprender bien, pero la soledad de aquel hombre pintor y enamorado que llega al extremo de la locura confundiendo el amor y el odio, en algo me identificaba.

-¿Qué vas a hacer, Juan Pablo?
-Tengo que matarte, María. Me has dejado solo.

Esta mañana desperté con la noticia de que el escritor argentino había fallecido, tenía 99 años y ya estaba cansado y enfermo. Ya era su hora. Me llegó bien fuerte la noticia, pues el tipo fue alguien importante en una etapa bastante complicada de mi vida, pero que al mismo tiempo ya venía de salida. Con El Túnel cerré un ciclo muy triste de muchas cosas que viví y fue justamente eso, salir de la oscuridad en la cual había transcurrido “mi infancia, mi juventud, toda mi vida”.

Muchos en mi curso ya habían leído el libro en segundo medio, cuando no conocía a la gran mayoría de ellos. Yo había llegado a un tercero medio solo, pues había sido el único de mi ex curso que optaba por el humanista artístico. Todos decían que Sábato y el famoso túnel eran fomes y aburridos, que su libro era el típico y tedioso título de lectura obligatoria en colegios, pero yo me atreví, nunca nadie me obligó a leerlo, yo lo elegí.

Una vez Sábato declaró lo siguiente: “Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas”, con esa cita siempre lo recordaré, pues lo más importante que he leído para mi vida lo obtuve gracias a unas cuantas ‘pequeñas palabras’ de su autoría.

Gracias, caballero.

Bustok.


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