10 Años Atrás

-Saben – dijo el Esteban  mientras pasaba su cerveza al Harry – el otro día estuve pensando en la muerte y en lo que pasa después que uno se va, y saben, tengo una teoría…-.

La noche estaba tranquila y a pesar de que estábamos en pleno invierno, no hacía mucho frío. Nos encontrábamos a unos metros de la casa de la Andrea y compartíamos unas cervezas sentados en una banca.

Al principio pocos tomamos en cuenta las palabras de mi amigo, pero mientras la cerveza disminuía en su botella, noté que el Esteban hablaba en serio, él intentaba decirnos algo mucho más profundo, algo que, cada uno de nosotros, fue comprendiendo aquella noche.

Para ambos ese tema no era nada nuevo, era una discusión recurrente entre nuestras conversaciones y creo que por lo mismo no me sorprendí tanto como sucedió con el resto cuando nuestro amigo nos confesó que no creía en Dios ni en nada que lo respaldara. Yo ya sabía hace mucho tiempo lo que el Esteban pensaba de la vida y de la muerte.

-Ya po, cuál es tu teoría? – lo animé para que continuase, y él, tras un sorbo de cerveza, nos confesó lo que pensaba.

-Es que yo cacha que después de que uno se muere, no pasa nada, es como que uno desaparece y ya nunca más existe. O sea uno se muere y no se va a un paraíso, no se va a un cielo, ni nada. Igual yo sé que no me entienden, pero no sé cómo explicarlo bien, es una weá que yo nomás me entiendo. Qué creen ustedes?

Con esa pregunta el Esteban estaba dejando abierto un gran tema de discusión, todos dijimos lo que pensábamos y cada uno propuso su punto de vista. Salieron a flote vivencias o cosas que sabíamos al respecto, mientras que otros introdujeron temas tan amplios como La Biblia y la Iglesia Católica. El tema, a pesar de no ser tan recurrente entre adolescentes menores de 17 años nos tenía intrigados y entusiasmados en decir lo que pensábamos.

Aquella noche no tardé en asumir que mi amigo estaba haciendo algo que hasta ese instante nunca habíamos hecho: revelar uno de nuestros temas predilectos de aquellas noches en que no pasaba nada. Recuerdo que podíamos ser capaces de conversar horas y horas el mismo asunto, a veces podíamos estar de acuerdo en algunos puntos, como odiar al Papa, los curas y las monjas, pero cuando llegábamos al “creer en Dios”, ambos callábamos, él no creía; yo sí. Y así, sin darnos cuenta se nos pasaban las horas y sólo cuando sentíamos mucho frío y veíamos que la Alicia cerraba su negocio, mirábamos la hora y nos despedíamos con un fuerte apretón de manos.

-Haber para, si tú crees en Dios…

-Es que yo no creo en Dios po, Harry.

-No crees en Dios!! – dijo muy sorprendida la Andrea –y porqué no?

-No po, no creo, y no creo porque nunca me ha pasado algo que me asegure que Él existe.

Todos quedaron sorprendidos y un poco incrédulos. Pero a mí el Esteban ya no me sorprendía ni con sus preguntas, ni con lo que pensaba de la vida, de la muerte y de Dios.

De pronto alguien comentó aquello que algunos narran cuando han estado al borde de la muerte, eso del camino por un túnel que al final tiene una gran luz, esa luz que todos, supuestamente, debemos cruzar algún día.

-Ya, pero qué hay después?- preguntaba el esteban un poco cansado ya de tanta incertidumbre.

Y nadie fue capaz de responderle, ahí habíamos quedado todos. El día de hoy creo y estoy seguro, que esa noche cada uno de nosotros sí pensó en algo, pero nadie se atrevió a decirlo, de alguna manera todos optamos por callar a su pregunta.

-Vamos a tener que ir a cachar para allá o a darnos unas vueltecitas pa saber-  dije de forma graciosa.

-Eso es lo malo po, el que sepa lo que hay más allá o el que cruce esa luz, es porque va a estar muerto y por lo tanto no podrá contarlo entre nosotros, o no?

-Tienes razón, Esteban, pero qué le vamos a hacer, así es la vida, es algo que nos va a tener que pasar algún día – y continué con algo que mi amigo ya sabía -. A mí me gustaría morir primero que cualquier integrante de mi familia, pues no sería capaz de soportar el dolor de perder  a mi mamá o a mi papá, es un dolor  que no quiero vivir. Es más, yo nunca he ido a un cementerio, y si algún día voy, prefiero ir muerto.

-No podís decir eso po, esa weá que dices es muy egoísta, porque todo el dolor que no quieres vivir se lo estarías dando a tus padres y a todos los que te quieren. A mí tampoco me gustaría probar el dolor de perder a mi papá o a mi mamá, pero tampoco me gustaría morir primero. Ellos sufrirían mucho y yo no quiero que eso ocurra. Prefiero que se vayan cuando yo ya sea grande y tenga mi familia, así podría entender mejor la pérdida de alguno de ellos. Pero cuando pienso que eso tiene que pasar algún día me da mucha pena.

Aquella noche no dije nada, pero supe de inmediato que el Esteban tenía razón. Sus palabras me llegaron bien adentro y aunque quizás en el momento no se notó, lo que él dijo me quedó dando vueltas toda esa madrugada… y hasta estos días.

Lo único cierto y concreto de toda esa trascendente conversación de adolescentes es que hoy debo aceptar que mi amigo, aquella noche, trató de decirme algo mucho más profundo de lo que yo mismo creí. Hoy siento que él volvió a intentarlo el día que en casa de la Karin nos preguntó a todos si lloraríamos si el moría. Cada uno de nosotros respondió que sí, que por cualquiera de nosotros, pues éramos amigos y cualquiera sería una pérdida importante para el resto.

Sólo comprendí todo la primera noche que debí tratar de dormir sabiendo que él había muerto. Me visitó en el sueño, no sólo para darme el último adiós, sino también para darme la última oportunidad de comprender los mensajes que semanas atrás había  intentado explicarme. Al día siguiente todas las dudas de la noche en que bebíamos cervezas estaban despejadas. Gracias a esa visita hoy sé que su teoría no era verdadera.

No importa si de mis ojos caen lágrimas cada vez que me acuerde de él, a fin de cuentas lloro por una de las primeras personas que supo valorarme por lo que pensaba y creía. Lloro por mi hermano, el cual supo ser en todos los sentidos un amigo de verdad, un amigo que sabía muy bien cómo agarrarme para el hueveo sin que yo me enojara, un amigo que me hizo saber muy bien que hacer realidad los sueños, a veces es más fácil que pasarse la vida soñándolos. Ese, ese es el que seguirá siendo siempre mi amigo… mi mejor amigo.

“Puta la weá weón. No alcanzamos a hacerla de oro, como los hombres”  (Tres de tus frases favoritas)

Dedicado a tu Memoria.

Andrés. Octubre de 2000.

 

10 Años después…

Pasó mucho tiempo desde que redacté esto. Quizás hay una serie de errores en la redacción o qué sé yo. En realidad me vale. Lo importante es lo que quise decir, lo trascendental que es esa pequeña historia de las cervezas cerca de la casa de Andrea. Y es que la conversación fue así de real como la planteo: Una noche de invierno, en nuestras vacaciones, yo de visita en Santiago luego de mi primer semestre en la Universidad de La Serena y los demás, libres durante dos semanas del colegio. El lugar corresponde al bandejón de Tres Poniente con Ferrocarril, aquella noche, entre los presentes, también estaban: Andrea, Reynaldo (Harry), Rodrigo, Esteban y yo.

El episodio en casa de Karin también fue como se describe, aquella tarde los presentes éramos la dueña de casa, Rodrigo, Esteban y yo. Y la pregunta de mi amigo debe haber surgido a raíz de la película que veíamos ese día: Sexto Sentido.

Ambos episodios ocurren semanas antes de que mi amigo fuera asesinado por desconocidos que nunca tuvieron un rostro ni una identidad.

10 Años después, mantengo y reafirmo aquellas palabras, pues mi felicidad jamás volvió a ganarle a mi dolor de no tenerlo cerca.

 

Bustok

Un pensamiento en “10 Años Atrás

  1. No me atrevo a hablar (en este caso opinar) de este tipo de temas, pero intentare.. desde niña me daban mucho miedo, recuerdo que los viernes se reunia toda la familia en casa de mi abuela y mientras todos reian, tomaban y jugaban, yo me sentaba en el sillon del abuelo a ver la ventana y rezar con los ojos bien cerrados para que eso nunca se acabara, para que todos vivieramos miles de años y fueramos felices como esa noche…
    Nunca tube una muerte cercana, solo mi pez se me habia muerto, y llore demaciado, como suelo llorar, pero…Una tarde de sol, mi mama me pidio que la acompañara a cortarse el cabello era un 6 de Junio como a eso de las 3pm del año pasado y justo antes de bajarnos del carro sono el celular de mi mama, solo vi su cara de miedo y sus ojitos hechos agua y me dijo “xxx”… una frase que me quiero guardar
    Ese ha sido el dia mas triste de mi vida, y supongo que creo entender lo que sientes. ese dia se revento la burbuja en la que vivia, se fue la persona mas honesta y menos egoista que habia conocido, fui a verla, a gritarle y pedirle como esos viernes con todas mis fuerzas que se levantara de su sueño y fue cuando me di cuenta de lo horrible que se siente que esas cosas no estan en tus manos..

    Yo hace un año que me pregunto y aun no entiendo y la verdad no creo entender por que pasan asi esas circunstancias, solo se que la gente que se va, formo parte de nuestras vidas para algo, para aprenderles y para saber que estamos aqui para lo mismo… todos somos maestros de cierta manera para la vida de alguien mas, por lo pronto ese momento cambio mi vida para siempre. no se si soy mejor o peor, lo unico que se es que cuando tengo miedo puedo contar con ella y todo se olvida y a diferencia de tu amigo, yo si sueño con volver a ver sus manitas y volver a sentir sus abrazos y su olorsito de abuela que se me quede en la nariz.

    :..(

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